Vientos de aires amargos
agitan la pradera, otrora
en calma, del quehacer rutinario.
Ondulan con brisas citricas
el cotidiano prado de la tranquilidad.
Como el tallo verde y flexible
danzo contra la ira suave
de los soplos aridos.
Se me escapa la energia bufido
a bufido, sin remedio, sin tristeza.
Eso queda para las malas hierbas,
mi esencia permanece petrificada
a pesar de lustros de corrientes
insanas.
Por fortuna siempre acabo en tu
suave y apaciguado regazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario