Orbitando las cosas del querer
colisionó varias veces con su
propia estupidez.
No sangró pero una profunda
brecha maculó su energía
querencial.
Múltiples veces se quedaba atorado
en un amor holográfico que solo para
él era una trampa.
En su trayectoria solía cruzarse la
callada e intrigante paz de un
desierto ártico.
Y él, suspendido en alguna aurora
boreal, gemía por no alcanzar la
presa palpitante que le serviría
para simplemente amar, si se acordaba
de ello.
Diez lustros y poco más de cacerías
orbitales, de querencias inusuales
color blanco hielo.
-texto- ⒸPerePussa
-imagen- National Geografic
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